Con profundo pesar comunicamos el fallecimiento de Don Álvaro Domecq Romero, acaecido hoy a la edad de 85 años, figura señera de nuestra tierra y referente indiscutible en el mundo ecuestre y cultural. Su trayectoria profesional, marcada por la excelencia y el amor a nuestras tradiciones, deja una huella imborrable en la historia de Jerez y en el corazón de quienes lo admiraron.
Hijo de Don Álvaro Domecq y Díez, insigne rejoneador y principal benefactor de nuestra casa Salesiana del Oratorio «Padre Torres Silva» —por aquel entonces «Oratorio Domingo Savio»—, compartió desde su infancia el levantamiento de nuestra obra. En la solemne inauguración del campanario y espadaña, tras la eucaristía dominical del 7 de diciembre de 1947, víspera de la Inmaculada, Don Álvaro contaba apenas 7 años de edad, siendo testigo privilegiado de aquel momento que marcó la identidad de nuestra comunidad.
Ese campanario, coronado con veleta en honor al rejoneador de su padre, se convirtió en símbolo de gratitud y pertenencia. Décadas más tarde, en diciembre de 2022, Don Álvaro recibió un emotivo homenaje con motivo del 75 aniversario de aquella culminación, acompañándonos personalmente en los actos con su presencia cercana y afectuosa. En cada gesto mostró la sensibilidad y el amor profundo que siempre ha sentido por nuestra obra, reforzando el vínculo que une a la familia Domecq con nuestra comunidad salesiana.
Su vida estuvo dedicada a engrandecer el arte del rejoneo, la crianza del caballo jerezano y la defensa de nuestras tradiciones, siempre con el sello de la nobleza y la entrega. Fue un hombre que supo conjugar la herencia recibida con la innovación, y que llevó el nombre de Jerez y de España por todo el mundo.
Hoy, nuestra comunidad Salesiana se une en oración y gratitud, recordando no solo al profesional brillante, sino al niño que, junto a su padre, vivió y compartió el nacimiento de nuestra obra hace más de 75 años. Su legado permanecerá vivo en cada campanada de nuestra espadaña y en cada gesto de quienes seguimos su ejemplo.
Descansa en paz, Don Álvaro. Que la Virgen Inmaculada, bajo cuya víspera se inauguró nuestro campanario, lo acoja en la gloria eterna.



